La dirección que Jesús toma en cada uno de sus paseos y viajes en busca de gente a quien hablar y ayudar, no parece ser premeditada. Pero, en cambio, siempre se encuentra en situaciones donde poder ofrecerse al hombre. No se esconde, ni rehuye su presencia, al contrario: va tras ella y va tras ellos, tras nosotros: el hombre subido en el árbol, los leprosos acercándose a El, cuando debían huir según su propia enfermedad les obligaba… siempre va, viene tras nosotros, poniéndose ante nosotros, dejándose ver, sin entorpecernos en nuestro caminar. El sabía que la suegra de Simón está en cama con fiebre, y no le dijo nada: la cogió de la mano y la levantó. Sin ningún tipo de esfuerzo. Como tampoco nosotros necesitamos ningún esfuerzo para estar próximos a El. No son necesarios los lamentos, ni es preciso quejarnos. Probablemente, no nos sea necesario pedirle nada. Solo ponernos en medio del camino, e incluso a la vera del camino. Hasta podríamos decirle: “Señor, no se me ocurre nada que decirte”. El se acercará y sabrá de nuestras necesidades. Y atendió a todos los enfermos y necesitados que fueron a El buscando la curación. Luego se acostó, durmió, y de madrugada se levantó y se fue a orar. ¿Qué le diría al Padre? Son un misterio las oraciones de Jesús, no sabemos casi tan apenas cómo se dirigía a El. Solo en su Pasión: “Padre, pase de mí este cáliz…” “Padre, perdónalos…”. Jesús es más bien hombre de acción; pasó la tarde curando a muchos enfermos (¿quizás podríamos estar allí nosotros?), y luego conmina a sus discípulos a irse de allí, a otro lugar, a otras aldeas, para seguir cumpliendo su misión, la que el Padre le había encomendado: predicar y darlo a conocer, “pues para eso he venido”.
Jesús, déjame ir contigo, a aprender contigo y de ti. Quiero ser transmisor de tus enseñanzas para ayudarte a propagarlas entre mucha gente que, sin saberlo, te busca, te espera. Lo que yo necesite lo recibiré de ti, lo sé, sin que me sea excesivamente necesario pedírtelo. No quiero ser pedigüeño, sino ser un hombre entregado a los demás y que sepa darte a conocer. Tú ya me lo agradecerás como solo tú sabes hacerlo: reportándome el ciento por uno.